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martes, 21 de diciembre de 2010

Noche Culiá

Ahora mismo me preparo para salir, es verdad que me he vuelto un misántropo de primera línea, pero eso lo puedo arreglar. El recuerdo de Soledad solo vuelve en las noches para atormentarme, aunque a ratos me da por tratar de recordar el por qué de nuestra mandada a la cresta. Es difuso en realidad, y eso no quiere decir que no lo recuerde, lo recuerdo tanto que me quema la piel cuando lo pienso, si no que estaba tan ebrio la última noche que nos besamos, que recuerdo más el ahogo del vomito/llanto que el roce de sus labios. Joder, me pondré una mejor cara para esta noche.

Pido una botella de vino y me siento junto al Pablo, uno de los pocos compañeros de carrera con los que aún hablo, es un chico alto, delgado y de facciones más bien toscas, tiene la misma costumbre de escribir, aunque su mayor defecto bajo mi juicio, es su maldita manía de intentar ser un hijo de Bowie, y todo lo que ello signifique. Algunos los llaman Hipsters ....

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sábado, 18 de septiembre de 2010

En el nombre del padre (parte III)

Viví con él un tiempo y las cosas se pusieron de un mejor color, incluso, me adapté
a lo que él llamaba “su modo de vida”, aunque la relación con su mujer no era de lo más
agradable, y bueno, mis hermanos no eran algo detestable, pero sin darse cuenta me
hacían notar lo distinto de nuestras vidas y como al final yo me convertía en un ser
miserable en cuanto a ambiciones y términos materiales.

Bueno, sobre su mujer especialmente, recuerdo una cena que tuvimos con unos
amigos de la Familia. Todo estaba bien como para aparentar y compartir en términos
arribistas. Ese día yo no había podido tomar mis pastillas como era de costumbre, debido a
que me las suministraba mi madre y por causa de una molesta lluvia, no había podido ir a
buscarlas dado que eso significaba un largo viaje en metro pasando tres ciudades, unos 55
kilómetros; por lo tanto, después de un día y medio sin mi dosis (recetada por un maldito
neurólogo) comencé no sólo a sufrir los estragos de las crisis de pánico que incluyen un
poco de mareo, temblores, sudor de las manos, y frío, sino que también el malestar físico
de un pequeño síndrome de abstinencia. Bueno, de cualquier manera no era mi día y mi
padre, bromeando en todo momento sentados a la mesa, me preguntaba “¿Ya quieres
suicidarte?”, y su Mujer, muy pulcra como siempre, hacía como si mi cara no significara
nada, conversaba de lo más animada, quizá ignorándome como de costumbre, evitando la
vergüenza de tener prácticamente un enfermo mental entre los suyos.

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sábado, 11 de septiembre de 2010

En el nombre del padre (parte II )

La historia de mi familia no es muy particular, en realidad pasa en la mayoría de los
casos que se examinen. Soy hijo de padres separados, mi madre se partió la espalda por mí
y mi hermana; ok, eso lo valoro bastante, aunque ya para mi adolescencia (en realidad el
comienzo de ésta), no podía vivir con ella y su marido haciéndome la vida lo menos
relajada posible. En aquella casa no había margen para el error, dado que todo se veía
abrumado bajo la lógica del dinero. Si me comenzaba a ir mal en los estudios, mi familia no
podría costear los gastos de la universidad, por lo tanto, la beca era imprescindible aunque
yo sabía que no era tan estúpido para perderla.
Las cosas empeoraron cuando comenzaron las crisis. Era un ambiente demasiado
sofocante, lo que determinó que mi salud mental empeorara considerablemente. Un día
decidí largarme y el primer lugar que pudo convertirse en prácticamente un paraíso, era la
casa de mi padre. A él le iban mejor las cosas, desde que se separó de nosotros supongo;
la mala suerte se había alejado completamente de él. Bueno, ahora saco como conclusión
que yo solo atraigo malas experiencias.

sábado, 4 de septiembre de 2010

En el nombre del padre (parte I )

Pulp de Bukowski se da un par de vueltas en mis manos, mientras el metro se mueve de un lado a otro en un vaivén lento, molesto, y de fobia para cualquiera que sufriera apnea respiratoria, si es que ese es el nombre del síndrome que trata simplemente de sentir que te estás ahogando, como en una piscina con agua hasta el cuello.

El carro va lleno y realmente no tengo las ganas suficientes para ceder el asiento. Son las 7:30 de la tarde y el hedor de los empleados públicos y privados, de los estudiantes Universitarios y secundarios, y el mío, apesta todo el lugar con un sentido enorme de una jornada agotadora. Ese sudor acumulado del día, que no tiene nada que ver con la brisa refrescante de la mañana.

Hace tiempo que no viajaba y tampoco tenía la intención de hacerlo. Afuera el día está nublado y éste ha sido un invierno realmente crudo; tengo pocas razones para salir de mi círculo habitual.

Mi Padre muere por enésima vez, probablemente otra de sus enfermedades inventadas a partir de la enfermedad que realmente tiene. Un cáncer que para muchos es una bendición, y para otros como yo, es la maldición que nos hace seguir viéndonos. No soy un egoísta insensible, pero tengo la cualidad de ser honesto, al menos conmigo mismo.

lunes, 12 de abril de 2010

Pánico: Introducción, Do me a Favour.


Perdí las llaves de la casa. Me di cuenta solo segundos antes de estar frente a la puerta.

Desde aquí observo como la neblina se come Valparaíso en un nuevo intento de hacer desaparecer la ciudad bajo mis pies. “Do me a Favour, break my nose”, los Arctic Monkeys suenan en mi oído izquierdo, mientras que en el derecho solo se escucha un chirrido espantoso, lo barato cuesta caro, dicen.

“Do me a favour, tell me to go away”. Me siento en uno de los peldaños y bajo la cabeza mirando los cubículos de la basura, una vez más llenos. Eternamente llenos, la tarde debe hacer su trabajo de dejar pasar el tiempo tan lentamente que mi imaginación deba nublarse de ideas vagas y de soledad absoluta. Valparaíso nunca fue un buen lugar para perderse en las curvas del reloj.

Recuerdo la tarde en que Soledad me dijo que estuvimos a punto de ser Padres. Fue raro el asunto, ella me explico que sin saberlo estuvo embarazada de mi, y que no lo supo hasta que tuvo una perdida. Estábamos enamorados, supongo, y un hijo obviamente la dejaba atada a mí para siempre, ¿Era tan terrible eso?.

-El Médico me dijo que probablemente después de esto me cueste mucho tener hijos, bueno debes sentirte aliviado- dijo- nos salvamos de algo realmente fuerte.

Las manos me sudan. El cuerpo en realidad suda frío. Ya no puedo dejar de sentirme mal.

Logro abrir la puerta, un esfuerzo sobre-humano intentando huir de la espontaneidad de lo exterior. Encerrarme en la pieza, poner música, intentar dormir un poco, tomar mis pastillas. Sentirme nuevamente olvidadizo y cara de raja para seguir adelante.

El techo se dobla bajo la humedad, la misma canción, no puedo dejarla esta tarde. “PERHAPS FUCK OFF, MIGHT BE TOO KIND”. “Quizás “ándate a la mierda” suene muy amable”.

Me ducho, comienzan los temblores, respirar hondo sirve. Tampoco debo fijarme en que me sangra la nariz, solo enfocarme en que la sangre se va con el agua, y que las crisis de pánico no son más que eso. No pueden ni deben empeorar. Lo juro.

Me estiro desnudo en la cama, respiro hondo. Otro clonazepam, en realidad dos. Me da sueño. Seré más profundo mañana cuando despierte, al menos no ando metido en otros vicios. Apago la música mareado, y pienso en la última vez que quise ser Padre. No me hubiera molestado volverme un Adulto contigo, Soledad.